viernes, 17 de febrero de 2012

La prueba de las pruebas, El abandono absoluto – la desesperación. (sufrimientos espirituales)

A veces tenemos sufrimientos del alma que no podemos ni siquiera explicar a otras personas, solamente nos sentimos solos, y en silencio no sabemos de que se tratan estos sufrimientos, muchas personas las confundirían con depresión pero no es eso, son pruebas de Dios para purificar un alma.

Leemos lo que dice Santa Faustina sobre estas pruebas, las más difíciles:

"Cuando el alma sale victoriosa de las pruebas anteriores, aunque quizás tropezando,
pero sigue luchando y con profunda humildad clama al Señor: Sálvame porque
perezco. Y esta todavía en condiciones de luchar.

Ahora una terrible oscuridad envuelve al alma. El alma ve dentro de sí solamente
pecados. Lo que siente es terrible. Se ve completamente abandonada de Dios,
siente como si fuera objeto de su odio y se encuentra al borde de la desesperación.
Se defiende como puede, intenta despertar la confianza, pero la oración es para ella
un tormento todavía mayor, le parece que empuja a Dios a una mayor ira. Esta
colocada en un altísimo pico que se encuentra sobre un precipicio.

El alma anhela fervientemente a Dios, pero se siente rechazada. Todos los
tormentos y suplicios del mundo son nada en comparación con la sensación en la
que se encuentra sumergida, es decir, el rechazo por parte de Dios. Nadie la puede
aliviar. Ve que se encuentra sola, no tiene a nadie en su defensa. Levanta los ojos
al cielo, pero sabe que no es para ella, todo esta perdido para ella. De una
oscuridad cae en una oscuridad aun mayor, le parece que ha perdido a Dios para
siempre, a ese Dios que tanto amaba. Este pensamiento le produce un tormento
indescriptible. Sin embargo no se conforma con eso, intenta mirar al cielo, pero en
vano; eso le causa un tormento todavía mayor.

Nadie puede iluminar tal alma si Dios quiere mantenerla en las tinieblas. Este
rechazo por parte de Dios ella lo siente muy vivamente, de modo terrorífico. De su
corazón brotan gemidos dolorosos, tan dolorosos que ningún sacerdote los puede
comprender si no lo ha pasado el mismo.

En esto el alma padece todavía sufrimientos por parte del espíritu maligno. Satanás se burla de ella: Ves, ¿seguirás siendo fiel? He aquí la recompensa, estas en nuestro poder. Pero Satanás
tiene tanto poder sobre aquella alma cuanto Dios permite: Dios sabe cuánto
podemos resistir. ¿Y qué has ganado por haberte mortificado? ¿Y qué has
conseguido siendo fiel a la regla? ¿A qué todos estos esfuerzos? Estás rechazada
por Dios. La palabra “rechazada” se convierte en fuego que penetra cada nervio
hasta la medula de los huesos. Traspasa todo su ser por completo. Viene el
momento supremo de la prueba. El alma ya no busca ayuda en ninguna parte, se
encierra en sí misma y pierde de vista todo y es como si aceptara este tormento de
rechazo.

Es un momento que no sé definir. Es la agonía del alma. Cuando ese
momento empezó a acercarse a mí por primera vez, fui liberada de él en virtud de
la santa obediencia. La Maestra de novicias al verme se asustó y me mandó a
confesarme; pero el confesor no me entendió, no experimenté siquiera una sombra
de alivia. Oh Jesús, danos sacerdotes con experiencia.

Cuando dije que experimentaba en mi alma tormentos del infierno, me contestó
que él estaba tranquilo por mi alma, porque veía en mi alma una gran gracia de
Dios. Sin embargo yo no comprendí nada de eso y ni un pequeño rayo de luz
penetro en mi alma.

Ahora ya empiezo a sentir la falta de las fuerzas fisicas y ya no llego a cumplir las
Tareas. Ya no puedo ocultar los sufrimientos: aunque no digo ni una palabra de lo
que sufro, no obstante el dolor que se refleja en mi rostro, me delata y la Superiora
ha dicho que las hermanas vienen a ella y le dicen que cuando me ven en la capilla,
sienten compasión por mi, tan espantoso es el aspecto que tengo. Sin embargo, a
pesar de los esfuerzos, el alma no es capaz de ocultar este sufrimiento.

Jesús, solo Tú sabes como el alma gime en estos tormentos, sumergida en la
oscuridad, y con todo eso tiene hambre y sed de Dios, como los labios quemados
[tienen sed] del agua. Muere y aridece; muere de una muerte sin morir, es decir no
puede morir. Sus esfuerzos son nada; esta bajo una mano poderosa. (48) Ahora su
alma pasa bajo el poder del Justo. Cesan todas las tentaciones externas, calla todo
lo que la rodea, como un moribundo, pierde la percepción de lo que tiene
alrededor, toda su alma esta recogida bajo el poder del justo y tres veces santo
Dios. Rechazada por la eternidad. Este es el momento supremo y solamente Dios
puede someter un alma a tal prueba, porque sólo Él sabe que el alma es capaz de
soportarla.

Cuando el alma ha sido compenetrada totalmente por este fuego
infernal, cae en la desesperación. Mi alma experimentó este momento cuando
estaba sola en la celda. Cuando el alma comenzo a hundirse en la desesperación, sentí que estaba llegando mi agonía, entonces cogi un pequeño crucifijo y lo estreché fuertemente en la mano; sentí que mi cuerpo iba a separarse del alma y
aunque deseaba ir a las Superioras, no tenia ya las fuerzas fisicas, pronuncie las ultimas palabras, confío en Tu misericordia, y me parecio que había impulsado a
Dios a una ira aun mayor, y me hundi en la desesperación, y solamente de vez en cuando de mi alma irrumpia un gemido doloroso, un gemido sin consuelo.

El alma en la agonia. Y me parecía que ya me quedaría en ese estado, porque no habria salido de él con mis propias fuerzas. Cada recuerdo de Dios es un mar indescriptible de tormentos, y sin embargo hay algo en el alma que anhela fervientemente a Dios, pero a ella le parece que es solamente para que sufra mas.
El recuerdo del amor con el que Dios la rodeaba antes, es para ella un tormento
nuevo. Su mirada la traspasa por completo y todo ha sido quemado por ella en su
alma.

Despues de un largo momento, al entrar en la celda una de las hermanas me encontró
casi muerta. Se asustó y fue a la Maestra que en virtud de la santa obediencia me
ordenó levantarme del suelo y en seguida senti las fuerzas fisicas, y me levanté del
suelo temblando toda. La Maestra se dio cuenta inmediatamente del estado de mi
alma, me habló de la inconcebible misericordia de Dios y dijo: No se preocupe por
nada, hermana, se lo ordeno en virtud de la santa obediencia. Y continuó: Ahora veo
que Dios la llama a una gran santidad, el Señor la desea tener cerca de sí, permitiendo
estas cosas, tan pronto. Sea fiel a Dios, hermana, porque esto es una señal de que la
quiere tener en lo alto del cielo. Pero yo no entendí nada de estas palabras.

Al entrar en la capilla, senti como si todo se hubiera alejado de mi alma; como si
yo hubiera salido recientemente de la mano de Dios, senti que mi alma era intangible,
que yo eera una niña pequeña. De repente vi interiormente al Señor quien me dijo:
"No tengas miedo, hija Mía, Yo estoy contigo". En aquel mismo momento
desaparecieron todas las tinieblas y los tormentos, los sentidos [fueron] inundados de
una alegría inconcebible, las facultades del alma coladas de luz.

Quiero decir también que, aunque mi alma ya estaba bajo los rayos de su amor, no
obstante, las huellas del suplicio soportado quedaron en mi cuerpo dos días más. El
rostro pálido como de una muerta y los ojos inyectados de sangre. Solo Jesús sabe lo
que sufrí. Comparado con la realidad, es pálido lo que he escrito. No sé expresarlo,
me parece que he vuelto del mas allá. Siento aversión a todo lo que esta creado. Me
abrazo al Corazón de Dios, como el niño recién nacido al pecho de su madre. Miro
todo con ojos distintos. Estoy consciente de lo que el Señor ha hecho en mi alma con
una palabra; de esto vivo. El recuerdo del martirio sufrido me da escalofríos. No
hubiera creído que es posible sufrir tanto si yo misma no lo hubiera pasado. Es un
sufrimiento totalmente espiritual.

Sin embargo, en todos estos sufrimientos y combates no abandoné la Santa Comunión. Cuando me pareció que no debía recibirla, entonces iba a ver a la
Maestra y le decía que no podía ir a la Santa Comunión, que me parecía que no debía
recibirla. Sin embargo ella no me permitía abandonar la Santa Comunión; y yo iba a
recibirla, y me daba cuenta de que solo la obediencia me había salvado. La Maestra
misma me dijo después que “estas experiencias habían pasado pronto solamente
porque usted, hermana, fue obediente. [Fue por] el poder de la obediencia que usted pasó tan valientemente [la prueba].” Es verdad que el Señor mismo me liberó de este suplicio, pero la fidelidad a la obediencia le agradó.

Aunque estas cosas son espantosas, no obstante ningún alma debería asustarse
demasiado, porque Dios nunca da por encima de lo que podemos soportar. Y por
otra parte, quizás nunca nos dé a nosotros suplicios semejantes, y lo escribo porque
si el Señor quiere llevar un alma a través de tales sufrimientos, que no tenga miedo,
sino que sea fiel a Dios en todo lo que depende de ella. Dios no hará daño al alma,
porque es el Amor Mismo y por este amor inconcebible la llamó a la existencia. Pero
cuando yo me encontraba angustiada, no lo comprendía."

¡Que impresionante esta narración de los sufrimentos espirituales que dice Santa Faustina!

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