jueves, 23 de febrero de 2012

¿Qué he de hacer para salvarme?

El asunto de la salvación es de tal importancia, y trascendencia, que debe ser preferido por ti a todos los demas asuntos de tu vida, cualesquiera que sean éstos, ya los bienes de fortuna, ya los cuidados y afectos de familia, ya los honores y la honra, las justas ambiciones, los pasatiempos y las distracciones, etc., etc.; todos deben estar subordinados a aquél, como los medios al fin.

Entre todos los negocios del hombre sobre la tierra, es el de la salvación del alma, el verdaderamente necesario. A la verdad, una sola cosa es necesaria, decía Yo a Marta, la de Betania, que es la salvación eterna. María ha escogido la mejor parte, de que jamás será privada (Luc. 10,42) Por las demás cosas no hay que turbarse mucho ni inquietarse. Hay que buscar primero el reino de Dios, y su justicia; todo lo demás se dará por añadidura. (Mat. 6,33)

Es además un negocio tremendo y difícil para cuya solución se requieren grandes esfuerzos y una franca cooperación: Desde los días de San Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos se alcanza a viva fuerza, y los que se la hacen a sí mismos son los que le arrebatan. (Mat. 11, 12)

Por último, es un asunto que no debe dejarse sólo a la misericordia de Dios, pues si es verdad que Él desea y quiere que todos se salven, también es verdad que exige la cooperación voluntaria de éstos para salvarse. Lo expresa con precisión terminante mi Apóstol Pablo, cuando dice a los cristianos de Filipos: Trabajad con temor y temblor en la obra de vuestra salvación; (Filip. 2, 12)
y mi siervo S. Agustín exclama: "El que te creó a ti sin ti, no te salvará sin ti."

Respecto al modo como has de procurar tu salvación, sólo puedo decirte lo que dije al joven del Evangelio que me hizo la misma pregunta: Si quieres llegar a la vida eterna, guarda los Mandamientos. (Mat. 9, 17) Tendrás además, un gran sentimiento del temor de Dios y de su justicia en todos los actos de tu vida. La salvación se concede a los que temen al santo nombre de Dios.

Yo dediqué mis enseñanzas y mis milagros, mis preceptos y mis consejos, mis penas y mis lágrimas, mi sangre y mi vida entera, no más que a la gloria de mi Padre y a la salvación del hombre. Justo es que tú cooperes con tus esfuerzos y con tu buena voluntad a hacer efectivos los méritos que para ti adquirí con mi Pasión y mi muerte.

¡Ay de ti, si por dar luz a los demás, te quedas en tinieblas! ¡Ay de ti, si por arreglar asuntos ajenos, fracasas en el propio y prinicipal; si por conquistar amistades humanas, pierdes la amistad de Dios;... si por conquistar riquezas y honores que se corrompen, pierdes los tesoros y los honores incorruptibles del cielo! ...¿De qué te servirá haber ganado el mundo entero, si en cambio vas a perder tu alma? (Mat. 16,26)

Has de elevar todos los días tus pensamientos hacia el cielo, recordando a la heroica madre de los Macabeos que, para animar a su hijo más pequeño al martirio, le decía: yo te ruego, hijo mío, que mires al cielo, pues ahí vive tu Dios, el que ha hecho de la nada todas las cosas del universo y a todos los hombres que pueblan la tierra. (2 Macab. 7,28)

Debes meditar constantemente en tu salvación, pues tu Dios y Salvador no cesa ni un instante de estar trabajando por hacerla efiza. Mi Padre está siempre en acción y Yo con Él... ¿Qué más he debido hacer por mi viña, es decir, por ti, que no lo haya hecho? (Juan 5,17)

Ni deben acobardarte en esta empresa las tentaciones que han de ser frecuentes, ni la molestia de las pasiones, ni tus miserias y fragilidades, pues cuentas con los auxilios divinos necesarios para resistir en la lucha. Mi Padre no niega ninguno de los dones que se solicitan, cuando, con las deisposiciones debidas dirigen a El las almas la hermosa oración que Yo les he enseñado: Padre nuestro que esta en los cielos.... (Mat. 6,9)

Por fin, has de advertir que en tu estado, en tu condición, cualquiera que ésta sea, en el medio en que vives, puedes salvarte. No tienes obligaciónd e aislarte de los demás, de retirarte al silencio de los monasterios, ni de vivir entristecido entre lagrimas y desconsuelos. La gracia que Yo te he conquistado con los méritos infinitos de mi Pasión y de mi muerte, te acompaña a todas partes; sólo se necesita, para que el éxito sea seguro y eficaz, que cooperes a ella y te aproveches de la fortaleza que ella misma te comunica.

Bien puedes vivir sin escrúpulo entre gozos y santas alegrías, con tal que seas buen cristiano, pues la religión guarda y justifica el corazón: ella dá gozo y alegría al alma (Ecli. 1,12); con tal que cumplas con tus deberesm, teniendo como norma, los Mandamientos de Dios y de su Iglesia y procures siempre hacer el bien, evitar el mal y proceder en todo a base de temor del Señor que es el principio o suma de la sabiduría. Te salvarás, sí, te salvarás... Te lo aseguro Yo que soy tu Dios; Yo, tu Maestro divino, te lo garantizo con mi palabra que es toda infalible y de vida eterna... cree, espera, confía y ama; lo demás, Yo me encargaré de hacerlo.

Fuente: La Reforma de la vida a los pies de Cristo Maestro. Mons. Sepulveda. Lecciones de Cuaresma y Semana Santa. Viernes después de ceniza.

1 comentario:

  1. hola paso visitando su blog, reciban muchas bendiciones
    mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com

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